miércoles, 19 de noviembre de 2014

LA ASENTADURA



                     Somos las voces del pueblo, los pies y caderas de anchas carnes.
Los desvestidos con furia y vanidad, los tenebrosos.
Los que se quitan barro duro, los que fueron magullados.
Y la luz desenfocada que clama piedad, cada noche, de ahí mismo.
No nos vemos con ella el torso de gatos, escapándonos los dedos,
No somos un fuerte golpe dado a la pared los jueves,
Tampoco somos solo un pinchazo tenue de color en los letreros,
Somos los cartílagos de un país perdido en histeria,
Amargos frente al abismo, temblándonos los huesos,
Somos el periódico firme por su cicatriz, bien antiguo y secado al sol.
Las céntricas miradas rencorosas y cobardes,
Ellas no somos; no somos un embudo de mentiras requemadas,
Somos el martillo que enjuicia y hace los truenos, que corta máscaras,
Esa brutal aspereza de un cordón ciego, esas ligas opresivas,
Ya las cortamos antes con lava abrasadora,
Hay tantos nombres de maldito agotamiento,
Tantas palabras que los núcleos se dispersarán;
Perros que ladran al poniente, pues están ciegos,
Somos tantas piedrezuelas diminutas en el frío absoluto,
No esgrimen ellos, a gajos, este gran río,
Nunca harán parir la segunda vertiente, sin que nos quitemos esta gran charada
Que es la libertad,
Y hagamos cortar las lenguas, a diestra y siniestra como en un sanatorio,
Sí, haremos brotar espuma agria de sus bocas, agria como duraznos.
No somos manos dilatadas ni vencidas, somos obstinados, ásperos barandales, guantes guarnecidos,
Así hemos hecho las medidas del mundo; tramposos que nos quitaron las riendas,
Se arrebataron, a un cobarde juego de asfixia en rojas tonalidades,
Ya iremos a desclavar los postes del pedregal; ¡tramposos!
Y lloraban nuestras noches con tristeza y rabia, oteadoras; semejaban ladridos,
Mordeduras de fiera costumbre, horror a ciegas,
Y nosotros que venimos a cambiar el tiempo, fuerte trancazo daremos,
Callarán las voces de las putas con cuerpo sucio,
Arremangamos cada noche un centavo mientras se curten ellas en viga,
Y también los viejos del chiquero, en ellos se pudrirá un licor, también ellos,
Y también los burros del brebaje irán de espaldas al lugar,
Hay un llanto que asfixia toneladas de colores,
Somos un pueblo que jamás se dejará regar, conocemos la vena de dónde somos,
Hay otros que terminarán cocidos en odio. Y nos haremos cargo, pues de aquí venimos.
Llorarán en tirria, sofocados. Putas y bestias como cerdos degollados plañirán,
¡Traveseen!, que vendrá una nueva corriente acelerada y libre de atajos.
Comenzará un fino timbre a resonar, tal vez, o a hervir,
Y miren como desde el sur llega un cálido fulgor, que nunca nos cegará.



                                                                                    por: David Cañedo Mesinas.




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