viernes, 19 de diciembre de 2014

El Niño De Trapo

             

          
            Nadie podía imaginar lo que ocurriría aquella noche en la mansión de la familia Roldón. Las mucamas corrían con sabanas limpias y fuentones de agua tibia hasta la habitación de la dama de la casa, quien estaba por dar a luz.
Una luna nueva cubría el cielo nocturno de la ciudad de Guaymallen, Mendoza. El clima ideal para un alumbramiento casero, al pie de la montaña. Sin embargo, esa lumbrera nocturna no era un buen augurio para Darmen, la madama Sudafricana que dirigía el parto.
                     Un grito seco y agudo atravesó los muros de la casa. El parto había comenzado con un final escalofriante. El niño había nacido cubierto de yagas. Envuelto en sangre de placenta y con un pronóstico no muy favorable. La madre estaba desolada mientras las mucamas abandonaban el cuarto cubriéndose la boca por el espanto que producía ver aquel pequeño bebe de ojos azules sin piel que lo protegiera. Darmen envolvió al pequeño Tomás en sabanas y corrió hasta el cuarto que había sido preparado para aquel niño, lo recostó en su cuna, a oscuras, con la luz de la luna alumbrando todo el lugar. Tomó unas runas de su bolsillo y procedió a realizar un ritual para calmar el llanto agónico del niño, hasta que este finalmente se durmió.
El viento Zonda descendió sobre Guaymallen aquella noche trágica para llevarse consigo todo el hedor de una muerte temprana entre runas y cánticos que protegían al niño.
La madre lloraba en brazos de su esposo aquel lamentable suceso que dejó perplejos a todos en la mansión, sin embargo el silencio cubrió todas las ranuras de la vieja casona durante todo un año. Los habitantes del pueblo hablaban de que el niño había nacido muerto y que la madre, sin poder superar esa tragedia, se encerró en la mansión todo este tiempo.

Otros hablaban del suicidio de los padres, porque nunca más vieron sus rostros por aquel lugar.

Pero la verdad ocultaba matices más horrendos en el fondo.

-Cinco años más tarde-

-Oigan, la fiesta de disfraces es hacia el otro lado.-Dijo Laura- La noche se presta para este traje tan original de bruja-agrego.

-¡Seguro!- dijo Luis, su compañero de cuarto en la universidad- Hay luna nueva en Guaymallen y el bosque junto a la mansión Roldón es ideal para encuentros paranormales- agrego mientras se reía con José y Gustavo, las demás personas que viajaban en aquel auto.

-¿Saben qué? Creo que primero pasaremos por el cementerio de la mansión, para tomarnos toda esa botella de Whisky. Prefiero tener todo ese alcohol en la sangre que en el auto cuando entremos a la ciudad.-Dijo José, mientras tomaba un atajo de tierra hacia el bosque.

Luego de unos minutos, los cuatro llegaron hasta un portón de rejas de acero deterioradas por el abandono, que dividían el camino del bosque y la entrada al patio trasero de la mansión Roldón, donde estaba el viejo cementerio de la casa.

-Miren, la mansión Roldón-Dijo Gustavo medio asustado.

-Escuchen, estamos los tres vestidos de calaveras y Laura esta disfrazada de bruja y vamos hacia un cementerio abandonado de una mansión abandonada en medio de la noche más oscura de Mendoza… ¿Quién podría acercarse sin vernos y salir huyendo como rata por donde vino?-Dijo Luis, convencido que no dejaría esa botella de Whisky en el auto ni loco.

-Suena razonable-Dijo Gustavo y asintieron todos en seguir adelante a pie.

Caminaron unos metros hasta chocarse con unas Lápidas que salían de la tierra en un escenario lúgubre y desolador.

-¿Han oído la historia de esta casa?-Pregunto Laura mientras se acercaba a una de las tumbas.

-Abre esa botella de Whisky y les contaré algo de esta mansión que los dejará listos para ir a la fiesta- Agrego Laura con una voz deformada para causar miedo a sus tres amigos.

-Vamos Laura, toma un trago de esto y cuéntanos esa historia- Dijo Luis, mientras le pasaba la botella.

-Era una noche como esta, hace algunos años atrás. La luna estaba igual que esta noche. La señora Lidia Roldón y su esposo Juan Carlos estaban en la habitación principal de la casa lamentándose, entre gritos y llantos porque su hijo acababa de nacer.-Contó Laura

-¿Se lamentaban por tener un hijo?- Preguntó José que no conocía la historia nefasta de aquel lugar.

-La Señora Roldón tuvo un bebe esa noche, pero el pobre niño nació sin piel.-Dijo Laura mientras caminaba en círculos alrededor de sus amigos.
-¿Sin piel?-Dijo Gustavo impresionado por la imagen que se hacía de aquel suceso.

-Pero lo peor de todo-Siguió contando Laura--es que sus padres no querían al niño. Ellos le pidieron a su madama que enterrara al niño en este cementerio, ya que era una abominación de la naturaleza, una rareza fruto de alguna maldición.-Agregó Laura que parecía conocer bien la historia.

-Y si no me equivoco, esta debe ser su lápida-Dijo Luis mientras con una pequeña linterna iluminaba una pequeña cruz de hierro sin nombre.

-¡Oigan! ¡Tengo una idea!-Dijo José—Entremos a la maldita mansión a ver si encontramos algún souvenirs para mostrarles a los demás en la fiesta, ¿Qué dicen?-Pregunto con expectativa ansiosa, sin saber que el alcohol lo motivaba a hablar con valor, cuando en verdad se moría de miedo al escucharse decir eso el mismo.

-¡Dale! ¡Hagámoslo!-Dijo Luis, ante el asombro de Gustavo que no quería saber nada con entrar en esa casa abandonada.

-Chicos, chicos, no creo que sea buena idea entrar en esta casa, no es un juego de niños, aquí realmente paso algo horrible y creo que deberíamos dejarlo así y volver al auto-Dijo Laura parándose entre los chicos ávidos y la casona.

Entonces, un silencio sepulcral invadió a los tres muchachos que se quedaron inmóviles mirando a Laura para luego mirarse entre ellos.

-Creo que solo echaremos un vistazo y nos iremos ante el mínimo motivo-Mencionó Luis, que era el más intrépido de los tres y con la botella de whisky en la mano.

-Luis por favor, no estoy bromeando con esto. En esta casa han pasado cosas muy extrañas hace años. Misterios que jamás se resolvieron como que paso con el resto de la familia Roldón y sus mucamas, que de pronto se esfumaron en el aire, entre estas paredes-Dijo Laura decidida a cambiar la forma de pensar de Luis.

-Solo un vistazo-Dijo Luis

-Pero…-Agrego Laura

-Solo un vistazo y nos vamos. ¿Qué dicen?-Pregunto Luis a Gustavo y José.

-Está bien-Contestó José mientras Luis y Gustavo se adelantaban hacia la puerta trasera de la mansión para entrar.

-Es una mala idea- replicó Laura mientras se sumaba a los muchachos por detrás—es una mala idea, maldición-

Y los cuatro se pararon frente al umbral del pórtico trasero de la casa y al girar el picaporte, la puerta estaba cerrada por dentro. Entonces Gustavo notó que una de las ventanas que daba al norte de la casa estaba abierta y sugirió que entraran todos por allí.

Intentaron levantar aun más aquella ventana pero fue inútil, ya que la madera estaba hinchada por los años de abandono y la humedad.

De igual forma entraron deslizándose en el espacio que la abertura les daba.

-¡Miren!-Dijo Gustavo- tremenda habitación. Tiene el tamaño de toda mi casa.

-Sí, este es el salón comedor. Esa puerta de en medio da a la cocina y la puerta Norte y Sur al pasillo que comunica a la entrada principal y a las escaleras que dan a las habitaciones del piso superior-Dijo Laura como si hubiera estudiado los planos de la mansión.

-Vamos Laura, tú que conoces bien la historia, cuéntanos ¿qué crees que paso con el resto de la familia?-Preguntó Gustavo entonado por el efecto de la bebida que estaban consumiendo.

-Ya les dije, el niño nació sin piel y la madama tenía una labor macabra que cumplir por orden de sus amos, el señor y la señora Roldón. Enterrar al pobre niño en el patio de atrás de la casa, sin tumba, sin nombre.-Mencionó Laura

De pronto, un sonido que provino de la habitación por donde ellos habían entrado a la casa los dejó callados e inmutables.

-¿Y eso?- pregunto Gustavo en voz baja.

-Anden, vamos hacia las escaleras, rápido, que podría ser la policía o algún guardia de seguridad- Dijo Luis, mientras se apresuraba en silencio hacia las escaleras que daban a los cuartos superiores a hurtadillas y seguido por los otros tres.
-Rápido- Susurro Laura-Subamos a los cuartos.

Y entraron en una de las habitaciones y entornaron la puerta para escuchar con claridad. Estaban los cuatro pegados a esa puerta escuchando en el silencio lo que parecía unos pasos en el pasillo, en la planta baja.

Y el miedo comenzó a hacerse notar entre ellos y a escaparse por sus miradas el alcohol que todos tenían en sus venas.

-Son pasos. Alguien está abajo seguro-Dijo Luis en voz baja pero alterada.

-¿Cómo no dijiste nada de que abría guardias de seguridad custodiando la casa? No quiero ir preso por estar aquí jugando a los fantasmas con ustedes-Dijo José

-¡Shh! No hagan ruido. Busquemos una ventana para saltar al patio y volver al auto-Susurro Gustavo decidido a todo.

-¡Por Dios, miren eso!-Exclamó Laura cubriéndose la boca—un cadáver junto a la ventana.

-¿Un cadáver? ¡Cómo un cadáver!-Dijo Luis.

-Parece que si es un cadáver, hay algo de ropa aquí entre los huesos, ropa de sirvienta-Dijo José

-Son los huesos de una de las sirvientas-Dijo Luis.

-Sí, pero ¿notaron que le falta un brazo y una de las piernas?-Preguntó Gustavo horrorizado

-¿Qué demonios pasó aquí?-Preguntó Luis desenfocado totalmente del miedo.

-¡Shh! Alguien se aproxima por la escalera, creo que deberíamos entregarnos, antes de que todo salga mal-Dijo José, que estaba parado en la puerta de la habitación.

-Sí, creo que vamos a poner punto final a esto de una vez por todas-Dijo Luis atemorizado pero resuelto a entregarse fingiendo que todo era una travesura de adolescentes estúpidos.

Y salió de aquella habitación decidido a enfrentar a aquel guardia de seguridad para contarle de su travesura, pero cuando salió a la escalera, no había nadie ahí. La escalera y el resto de la casa estaba absolutamente vacía, Ni policías, ni guardias.

Entonces el miedo regresó a ellos que se miraban unos a otros, aterrados y decididos a salir de aquella casa para ir a la policía a contar lo que habían descubierto.

Y corrieron por el pasillo hasta el salón comedor, por donde habían entrado a la casa y para asombro de todos, la ventana estaba completamente cerrada.

José, Gustavo y Luis comenzaron a golpear aquellos vidrios para romperlos con unos restos de madera que había en el piso, pero tampoco eran madera, sino huesos humanos. Extremidades óseas que yacían en todo el lugar.

-¡Dios! ¡Qué fue lo que paso aquí! –Dijo Luis espantado por la escena que tenia ante él.

Entonces, la puerta de la cocina comenzó a abrirse ante la mirada atónita de todos allí presentes. Lentamente se abrió de par en par y ante el asombro de todos allí, se paró ante ellos un muchacho en la oscuridad, lánguido, flaco y con ropa andrajosa. Luis lo alumbró con su linterna y su cara estaba cubierta de trapos harapientos, parches de ropa vieja en su rostro, en sus manos.

-Pero… ¿Qué demonios es eso?-Pregunto Gustavo con voz temblorosa y sin entender lo que veía.

Y se arrinconaron contra la pared, uno al lado del otro, con la luz de la linterna sobre aquella figura horrenda que estaba inmóvil frente a la puerta de la cocina observándolos.
Y Laura comenzó a caminar hacia un costado, sola, mientras el niño de trapo la miraba atentamente con sus ojos oscuros. Se alejó del grupo mientras Luis le decía que regrese con ellos, que no se acerque a ese niño.
Pero Laura no escuchaba a nadie. Entonces se detuvo frente a aquel niño de trapo y comenzó a decirles a sus compañeros.

-La madama tenía que enterrar al niño esa noche en el patio posterior, en una tumba sin nombre y sin señales, pero no pudo hacer eso, porque aquel niño estaba protegido por ella. Así que esa noche, Darmen tomó unos trapos viejos del aparador y cubrió al niño hasta que estos harapos se adhirieron a sus músculos pequeños, hasta formar la piel que le faltaba cuando nació. Y los trapos lo cubrieron por completo, pero los padres del niño no quisieron saber de él y de lo que yo había hecho con él esa noche. Así que tuve que matarlos a todos para que Tomas viviera.-Dijo Laura ante el asombro de sus tres compañeros.

-¿Tuviste que matar a todos? ¡No logro entender de qué habla esta piba!-Dijo Luis

-Yo soy Darmen-Dijo ante el asombro de José, Luis y Gustavo.

Y la luna resplandeció en aquella habitación y el rostro de Laura cambió ante la mirada perpleja de sus tres compañeros, y el verdadero rostro de Darmen reencarnó en el de Laura.

-Lamento mucho haberlos engañado para que entraran a la casa, pero Tomas debe alimentarse- Dijo Darmen mientras acariciaba al niño de trapo que dejo de mirarla para mirar ahora a sus presas.

Y el niño de trapo mostró sus dientes voraces y sus garras de león de entre medio de esos trapos viejos y comenzó a cazar a los tres muchachos por toda la casa.
Nadie sobrevivió aquella noche, como era de costumbre. Y la luna de Guaymallen volvió a teñirse de sangre una vez más, como cada año donde la casa de los Roldón era nuevamente visitada por extraños.


                                      
                                   F  I  N


                                                                         por: Luis Sadra



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