viernes, 19 de diciembre de 2014

Paradigma



                                   Mi madre decía que la vida es como lamer miel de una espina. Por un relámpago de felicidad, un interminable mundo en penumbras. Una breve sonrisa en un eterno mar de lágrimas. Y en medio de todo este océano de vanidades delirantes y egocéntricas, los que llegan al mundo envueltos de sangre y los que lo dejan, con estigmas del pasado en el alma.

Pero que le puedo contar de mi. Introvertido, callado por demás, sumiso, pocos amigos pero de convicciones firmes. Alfarero de mis propios días. Convencido a muerte que cada persona que te cruzas en la vida, te deja algo, sea para bien o para mal, algo te deja y seguro te hace un poco más sabio que ayer. Lo único concluyente que me llevo de esta vida es, la extraña paradoja de una ilusoria realidad, que nada en este mundo es lo que parece.

Cuando era pequeño le tenía miedo a los espejos. Tal es así que mi madre los tenía cubiertos por toda la casa. Aun así, muchas veces se dejaban ver y bueno, ahí estaba yo, paralizado frente a mi reflejo. Tan abstraído y temblando que terminaba desmayado en el suelo.

Los desmayos trajeron píldoras y las píldoras premoniciones, imágenes, voces y sueños.

-Tengo un sueño que comienza en un camino que conozco, cerca de una ruta a cuadras de mi casa y que recorro muchas veces en bicicleta. Sin embargo, en mi sueño, estoy caminando por aquel camino y de repente aparezco acostado en mi cama, con la ropa puesta, a altas horas de la madrugada. Enseguida siento que una mano fuerte me toma del tobillo y me arrastra desde mi cama hasta la calle por la que transitaba minutos antes, entonces, esta imagen translucida, sin forma, corre por un laberinto de árboles con rostros tallados. Y estos arbustos parecen producir una especie de grito desgarrador, agónico cuando aquel espectro atravesaba el bosque conmigo a cuestas. Y en medio de la pesadilla, puedo sentir como las uñas de este espectro me despedazan la piel y sus uñas se entierran en mi pierna. Es tan intenso el dolor que muchas veces despierto en mi cama en un parpadear con la pierna ensangrentada y al otro, vuelvo al bosque. Frente a mí, hay un claro entre los árboles. Donde apenas traspasa la tenue luz de la luna, oculta por los altos troncos el espíritu trepa conmigo hasta unas ramas y me cuelga allí de cabeza.

Es entonces cuando veo debajo, entre los arbustos a esa niña atemorizada, sucia, con un vestido rosado, con sus piecitos descalzos en la tierra, ocultándose, conteniendo la respiración, tratando de pasar desapercibida pero es inútil porque él que la asecha, la está observando desde lo lejos. La acosaba con leves sonidos todo el tiempo, para lograr que el temor subiera justo de entre sus piernas. Y la hermosa niña sin saber por lo que estaba por pasar, comenzó a sollozar muy despacito. Con su mirada perdida en la oscuridad, tratando de observar hacia el lado equivocado y cubriéndose la boca, gimoteaba y gimoteaba. A solo unos pasos por detrás de ella estaba el, con una frialdad terrorífica, inclinando su oído para escuchar su temblor entre las ramas secas donde se ocultaba la pobre niñita. Cuando el comenzó a acercarse a ella lentamente, sabía lo que vendría así que comencé a gritar con todas mis fuerzas, a balancearme entre aquellas ramas para que ella al menos se asustara y corriera, pero fue inútil, ella jamás me escucho, como tampoco escucho a este inmundo acercarse hasta su espalda. Y la tomo entre sus manos, una mano en su cara, tapando su pequeña cara y la otra tomo sus piernas. Todavía siento sus muidos y creo percibir como se me desgarra el alma. Entonces él hizo algo horrible. Algo impensado. Algo imperdonable con aquella niña. Que yacía desnuda entre la vegetación. Y cuando el parece haber terminado, la niña no se movió mas, la levantó del suelo hasta lo alto, con sus brazos extendidos, como si estuviera ofreciéndola en sacrificio a alguien, para luego dejarla caer estrepitosamente contra una piedra, entre aquellas hojas secas y el espíritu que me sostenía en la copa de aquellos arboles para que observara todo, apretó con fuerza mi tobillo haciéndome gritar del dolor y mientras gritaba, el espectro me dejó caer sobre el hombre y el cuerpo sin vida de la niña, y mientras caía, el hombre volteó hacia arriba su mirada y logre ver su rostro un instante y el, miró mi rostro enfurecido cayendo desde lo alto y entonces me despierto en casa, en el piso junto a la cama, con mi tobillo inflamado y cinco pequeñas marcas en la piel, infestadas, como si hubieran estado allí hace días, pero eso nadie me lo cree.- dije

-Yo si te creo - Dice mi Psiquiatra mientras pasa su mano debajo de sus lentes, secando unas pequeñas lágrimas.

-Siempre creo todo lo que me dices. ¿Acaso dudas de eso? – agrego.



- Lo sé Beatriz, lo sé. Solo que me parece una locura todos estos sueños horribles. No dejo de pensar en todas esas niñas indefensas que habitan mis sueños, acecinadas tan brutalmente por este inmundo personaje vacio, cruel, sin alma. Y no puedo hacer nada.- agregué



-Me sorprende que sean niñas de apariencias semejantes. Rubiales, de ojos claros, vestidos muy semejantes, misma edad casi misma descripción.- Dice Beatriz mientras su mano se desplaza por su quijada y su mente analiza la información.

-Hay un patrón, una metodología en el modus operandi del asesino que lo delataría casi de inmediato, huellas, ADN, incluso las víctimas son muy parecidas, casi idénticas en su forma de vestir, eso, para cualquier inexperto investigador seria una pista clave para anticipar sus movimientos. Ya lo habrían atrapado.- Dijo, haciendo movimientos con su cabeza reafirmando su postura analítica.

-Sin embargo, son solo sueños. Tú me preocupas mas.- agregó mientras yo seguía mirando una ranurita en el sillón donde ella estaba sentada, como congelando, signo de estar pensando profundamente en lo que me dice y no en lo que deduce y me impresiona, en verdad, aunque no demuestro absolutamente nada.



-Yo creo que la enfermedad pulmonar de tu hija menor es el detonante de todas estas pesadillas que sufres. Misma edad, mismo color de pelo, ojos claros, incluso muchas veces la veo en la iglesia del pueblo con esos hermosos vestiditos claros que corresponden a la descripción de las niñas de tus pesadillas.- Dijo la especialista mientras toma nota de todo.



-Que puedo decir, creo que sí, es cierto- Dije mirando aun aquella imperfección del sillón.



-Es más, pienso que el hecho de que estas niñas mueran asfixiadas por el asesino, es quizás, el miedo que proyecta tu mente con relación a la enfermedad de tu hija. El asesino es esa enfermedad que acecha a tu bebe y tu mente dibuja lo peor, en diferentes escenarios, donde como espectador no puedes hacer nada, al igual que en la vida real, no puedes hacer nada para cambiar lo que a ella le pasa.- Dijo, parpadeando sus ojos mientras me observa de reojo.

-Es puro temor proyectado.- agrega, mientras se reajusta en su sitio mostrando incomodidad, desconcierto. Rosa su rodillas, una con otra, reacomoda su falda y aprieta levemente sus labios.



-El miedo es una perturbación del estado de ánimo- dice, con su voz más temblorosa y aguda, señal de que algo me oculta.

-En el que se pierde la confianza en los propios recursos para afrontar situaciones concretas, que son percibidas como peligrosas para usted.- agrega pero, acto fallido, nunca me trato de usted.

-Este peligro puede ser real o imaginario, y siempre ocasiona una disminución del sentido de seguridad.- siguió diciendo, mientras reacomoda el flequillo que cae sobre su cara y seca su transpiración.

-Y tu mente las planea.- dijo.

-planeó todo- agrego susurrando mientras su mirada se clavó en mis ojos por unos segundos.

-ocasionándote estas extrañas migrañas, perdón, pesadillas, donde ves todo lo que un asesino hace a una víctima… real ¡Santo Dios!- agrego colocando sus manos en su boca y mientras yo, analizaba cada uno de sus gestos.

- Que es. Que es en definitiva, tu propia hija asechada por una enfermedad crónica incurable en los pulmones y que, desató esta, doble personalidad en ti. – reafirmó, mientras acomodaba sus lentes en su rostro atemorizado, porque había resuelto el caso.

Y la mire fijamente a los ojos mientras me incorporaba del sillón y ella cerraba su cuaderno de apuntes. Y me acerque lentamente a ella, casi sin parpadear mientras la observaba detenidamente.

-Seguramente sea así doctora, como usted dice, solo la preocupación y nada más- mencioné, mientras mi nariz rosaba la piel de su cara pálida, como si sintiera el aroma del miedo escapándose de su cuerpo por los sudorosos poros.

Me levanté como dejando la sala, y mientras su silencio me acompañó hasta la salida, atravesé el umbral y volteé a mirarla por última vez, mientras ella contenía la respiración.

-¿Doble personalidad en mi?- dije, con cara de asombro.

-Doble personalidad. Usted dice que, tengo otra persona dentro de mí, totalmente independiente en sus actos y pensamientos- agregué, mientras cerraba la puerta detrás de mí.

-No, Daniel, yo… - intento decir cuando la callé, colocando mi mano sobre su boca y ella su mano temblorosa, sobre mi mano.

-¿Daniel? ¿Quién es Daniel? – pregunté, mientras mi dedo pulgar se metía lentamente dentro de su delicada boca, para tomarla fuertemente de la piel de su mejilla.

-No, por favor, no- balbuceo inútilmente Beatriz con mi dedo en su boca, mientras yo tomaba absolutamente el control de todo el mundo que me rodeaba en mis manos.

Y sentí una fuerte liberación interna. Una sobre dosis de adrenalina que encendió todos mis sentidos perversos. La metamorfosis del hombre superado. La mente se disciplina al deseo interior. Cambia para ser perfecto cada movimiento de mi cuerpo. Se sincroniza todo dentro de mí, y me hace una máquina perfecta para asesinar.

-Nunca. Nunca hay que subestimar una mente primitiva y metódica, programada para la deducción. ¿No es verdad Beatriz?- Dije con autoridad en mi voz.

-Una mente que razona en la lógica. Que ata cabos. Une piezas con rapidez.- seguí diciendo mientras caminaba alrededor de ella.

- Un cerebro así es realmente impresionante, un verdadero desafío para mi intelecto, cabe destacar. No es una pequeña niña indefensa. No, no, no. No lo es, en absoluto. ¿Verdad, Betty? ¿Puedo decirte Betty? Pues, porque creo que ya nos conocemos demasiado como para tratarnos de usted. ¿Verdad, corazón?- agregué

Y mientras ella temblaba como una hoja seca en el viento, a punto de volar, mi mano se metió por debajo de su vestido, detrás de la nuca, acariciando su piel mientras recorría su espina dorsal hasta muy abajo. Ella permaneció inmóvil. Podía asegurar que lo estaba disfrutando. Y con un leve tirón, desgarre aquel vestido rojizo junto con el sostén que cubría sus bustos. Sentí, en aquel crucifijo que colgaba entre sus senos, como su corazón exaltado, quería salir de su estrecho pecho. Su respiración era jadeante, podía ver como su alma quería salir corriendo de aquella habitación. Pero no lo permití. Tome sus manos por detrás de su espalda. Ella pensó que la ataría a la silla seguramente, pero no. Introduje la aguja de la jeringa por uno de sus capilares, en su cabeza. Con mucha amabilidad y destreza para no dejar rastro alguno y la paralicé.
Entonces, saque unos guantes descartables, que me coloqué mientras sus ojos observaban todo lo que hacía, y froté sus pechos, obligándolos a tomar forma.

-El miedo no solo se detecta en el aspecto psicológico, tiene también un importante cortejo de síntomas neuro-vegetativos, como sudoración, taquicardia, temblor, necesidad de orinar, crisis diarreicas, pilo erección que acompañan a la ansiedad, a la angustia y que pueden ser más desagradables que la propia emoción.- le mencione seguro de que sabía de lo que hablaba.

-Tanto las manifestaciones psicológicas como físicas pueden ir precedidas de un curioso fenómeno. El miedo a tener miedo. Que es como una ansiedad que prevé el sufrimiento que podemos padecer, ¿No es verdad doctora?-

-Mi pequeña niña. Tengo muchas sorpresas para ti.- le susurre en el rostro, con mi boca pegada a su boca.

-Mira lo que tengo aquí, ¿haber? ¡Pero si! es un pequeño bisturí quirúrgico, la herramienta clásica de los asesinos seriales. ¿No lo crees así? – dije en tono sarcástico mientras mi primer incisión perforaba su hígado.

-¿Ves aquel espejo grande junto a la puerta?- le pregunté mientras acomodaba la silla en línea recta a él.

-En una hora exactamente va a estallar en muchos pedazos hacia tu inmóvil cuerpo. ¿Crees que podrás esquivarlos? Lo dudo realmente. En unos minutos, cuando termine de atenderte, querida Beatriz, habrá una pequeña fuga de gas. Pequeña pero suficiente como para que, cuando tu esposo entre por esa puerta, si, el mismo hombre que tiene ese problema en sus fosas nasales, que no lo dejan percibir olores, ¿recuerdas? y encienda la luz- le decía mientras sus ojos se movían de un lado hacia otro, señal de que entendía muy bien, lo que estaba por suceder.

-Habrá realmente mucho, mucho ruido y fuego en esta habitación y el resto del edificio, bueno, solo daño colateral. Nada personal.- asevere.

-Pero no debes preocuparte de nada.- le susurre al oído

-Tú, ya estarás muerta para entonces.-


Mi madre decía que la vida es como lamer miel de una espina, y quizás tenía razón, no lo sé.
Lo único concluyente que queda goteando en mi mente, es el extraño paradigma de una ilusoria realidad,
que nada en este mundo 
es lo que parece.


-     F I N     -

                                                          por:  Luis Sadra.


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