jueves, 23 de abril de 2015

El Alfarero



          El Alfarero.




                                   Cap. 1
                              "El Alfarero"

                      Juan Molina Dartez era un modesto alfarero que vivía en la ciudad de Quilmes. Tenía una hermosa quinta con una gran parcela de tierra, de donde tomaba para trabajar.

Un hombre sencillo, sin ambiciones, más que el amor de su esposa y sus dos hijas, Violeta y Florentina. Estas niñas de cinco y nueve años lo tenían hipnotizado. El sacrificio que hacia día tras día era recompensado cuando volvía a casa y estas dos hermosuras lo abrazaban tan fuerte como solo a Juan le gustaba.

La vida de los Dartez transcurría como cualquier familia trabajadora del Buenos Aires del año 1955, y estando en una zona portuaria, ellos tenían buenos pasares y a veces no tan buenos. Pero Juan tenía un hermano gemelo llamado Antonio, que vivía en la Capital.

                 Aunque eran idénticos en su aspecto físico eran muy diferentes por dentro. Mientras que Juan era un hombre bondadoso y trabajador, Antonio era mujeriego y egoísta como él solo. Juan se levantaba muy de madrugada para trabajar en su taller mientras que Antonio se acostaba a la misma hora, absolutamente borracho para despertarse con un trago de whisky y salir al hipódromo, a correr apuestas.

                 Juan tenía guardado un dinero en el banco a nombre de su esposa y otro dinero a nombre de cada una de sus hijas. Estabilidad para los días difíciles decía Juan y ponía una parte de sus ganancias en esas cuentas. Mientras que Antonio ganaba mucho dinero como corredor para algunos mafiosos del hipódromo, y lo derrochaba en noches de placer y lujuria con prostitutas de primera en los antros de la ciudad de Pompeya.

                  Aunque eran muy unidos cuando eran chicos, Juan y Antonio tuvieron una diferencia cuando eran adolescentes que terminó por separarlos para siempre. Juan se quedó con sus padres hasta que estos fallecieron y heredó la quinta legalmente. Antonio, por otro lado, repudió a sus padres y a su hermano gemelo y se marchó de la casa con dinero y un departamento que el padre le regaló en Palermo.

                  Desde entonces, la distancia y el tiempo transformaron estas dos almas gemelas, en auténticos desconocidos. Muchas personas de Quilmes que conocían la familia Dartez, jamás preguntaban por Antonio, no porque no fueran curiosos, sino más bien para no traer malos recuerdos a la memoria de Juan, que siempre amó a su hermano con el corazón.

Un día, Juan conoció un acaudalado empresario que lo llevó a su quinta, cerca del barrio de Wilde, donde este tenía unos acres y varios caballos de carrera.

-Juan- le dijo el empresario-Quiero que talles con tus manos la figura de mi caballo campeón en la entrada principal a la estancia, con su silla de montar y su nombre y su número, tal como está en esta fotografía, tomada en el hipódromo, la vez que salió campeón por quinta vez consecutiva y recibió esta corona de laureles hecha en bronce.-

-Es un gran caballo, pero también es un gran trabajo, no va a ser barato…- le dijo Juan pero el empresario lo interrumpió diciendo:

-No te traje acá para que me digas cuanto me sale el trabajo, te traje acá para que me digas que vos lo vas a hacer. Admito que tenes unas manos de oro puro y quiero que quede perfecto. Lo que cueste tu trabajo será pagado mitad ahora y mitad cuando lo termines, lo que me pidas estará bien, vos pones el precio.
               Esto fue una bendición para la familia de Juan, ya que ese dinero serviría para dejarlos en una buena posición el resto de sus vidas.
La vida es un espejo de reflejos disparejos, imperfectos resplandores que se encuentran en un mismo espacio y que se cruzan en un punto inesperado cambiando nuestro destino, sin opción a revancha.








Cap. 2
"El Error"

Del otro lado de la ciudad, Antonio cometía el error más grande de un apostador empedernido. Pedir prestado para una apuesta segura. Y se jugó hasta el último centavo en un caballo que ni siquiera salió tercero. Los matones del prestamista lo metieron en la cajuela de un auto y uno de ellos lo llevó lejos de la ciudad para matarlo y tirar su cuerpo al río, pero, como dicen las viejas brujas de barrio, el destino tiene sus vueltas y los caminos que toman direcciones opuestas terminan cruzándose inesperadamente.
Tanto así, que el conductor condujo hasta llegar a una tranquera antigua, desolada, cerca de Quilmes, donde vivía su hermano Juan.
El matón apagó las luces y se acercó a la tranquera que pensó estaba abandonada y sacó a Antonio del baúl, quien de inmediato comenzó a llorar desconsoladamente, porque había reconocido su vieja casa, la tranquera que él y su padre habían construido hace años y que no volvió a ver jamás. Se echo a tierra y besó el suelo de su casa mientras el matón lo miraba extrañado.

-¡Qué clase de idiota eres que besas la tierra antes de morir apuñalado, infeliz perdedor!. Voy a enterrar este cuchillo por tu costado y voy a rozar tu corazón con su punta. ¿Sabes lo que eso significa? Que vas a llorar como ahora pero como una marrana vieja, porque nada en este mundo va a impedir que mueras, por estúpido y vicioso- dijo el bravucón mientras se acercaba a Antonio, que estaba tirado en el suelo.

-Lloro porque esta es mi casa- dijo Antonio

-¿Qué? ¿Qué decís infeliz?- le pregunto incrédulo el fanfarrón.

-Dije, que esta es mi casa, ¡gordo idiota! Me trajiste a la casa de mis padres, a la que no venía desde hace años. Esta tranquera la hice yo, con mis propias manos, cuando tú ni habías nacido. Grasoso- le dijo Antonio al guatón malo que se estaba saliendo de control.



-Te voy a insertar como un cerdo Tony y tu sangre va a pintar esta cerca blanca y todo lo que decís que construiste con tus manos, estúpido tahúr.-

-¿Sabes porque me tiré al suelo para besarle gordo?- le dijo Antonio- Porque eres tan estúpido, tan idiota en ese cerebro grasoso que tienes, que para matarme condujiste sin pensar y el destino te jugó una mala pasada trayéndome a mi propia casa, y… ya sabes lo que dicen del destino- le dijo sonriendo Antonio al Gordo matón

-Que el destino favorece al jugador- dijo el gordo mientras elevaba el cuchillo para clavárselo en el cuello.

Entonces un disparo atravesó el silencio de la estancia de los Dartez y también la cabeza del matón Gordo, que cayó redondo a tierra con el cráneo destrozado.
Y luego de un instante, en las penumbras de aquel lugar, se escuchó la carcajada de Antonio, que aún seguía arrodillado en la tierra, con las manos atadas a su espalda.

-¡Las veces que he deseado volver a esta parte de la casa desde que me fui!- dijo Antonio mirando hacia la oscuridad entre los arboles de la quinta-Pero no tuve la decencia de volver a esta casa, a mirarte a los ojos nuevamente. Cada vez que miraba tus rostro, era como mirarme en el espejo y veía al hombre que siempre quise ser-decía Antonio

-Somos gemelos. Estamos conectados desde que nacimos y este, era nuestro lugar favorito de toda la vida. Siempre que tú has venido aquí yo sentía la necesidad de venir también. Estábamos en donde estábamos en la casa, tu por allí y yo por allá, cuando venias aquí, yo venía también- Dijo Juan, saliendo de entre los árboles de la quinta con una escopeta en las manos.

-Por eso me largue a llorar, porque sabía que te encontraría aquí- Dijo Antonio mientras Juan lo desataba.

-¿Si?, yo creo que tuviste mucha suerte hermano. El gordo pudo haberte llevado a cualquier parte y ahora estarías muerto- Dijo Juan- ¿y qué haría yo sin mi hermanito del alma?

-La suerte va y viene Juan. Y esta noche perdí muchas veces y mucha plata también. Iba a ser crucificado, porque estafé al Salado, el prestamista más duro de la ciudad, así que era justo que la suerte volviera de repente ¿no?-dijo Antonio mientras se incorporaba para abrazar a su hermano.

-¡Hay hermano, estas re loco! ¿Sabías? Anda, vamos a deshacernos del gordo y del auto, antes que el Salado te empiece a buscar.

                Y ambos llevaron el cadáver del gordo y al auto hasta el riachuelo y lo dejaron caer ahí. El fango se encargó de tragárselo por completo para el amanecer. Y Juan dejó que Antonio se quedara en la quinta unos meses, hasta que pudiera juntar unos pesos para enviarlo al Uruguay unos años, pero el destino aun tenia sorpresas que ni Juan ni Antonio habían calculado.

                Los días en la quinta pasaron rápido pero Carmen, la esposa de Juan y las niñas, trataban a Antonio con mucho amor. Y el corazón de Antonio comenzó a cambiar. A mover las fibras más íntimas dentro de él. Y los recuerdos comenzaron a unirse al presente, haciendo un puente entre el pasado y el ahora, como si nunca se hubiera ido. Su hermano le enseñó a manejar el torno y le mostró el mundo de la alfarería. Era trabajo con la mano, algo que Antonio desconocía totalmente, pero eran gemelos y muy dentro de Antonio dormía un alfarero también.

                El tiempo llegó hasta las marcas que Juan había puesto, y los días pusieron a Antonio en el lanchón de un viejo amigo que, cruzó al cambiado hermano de Juan hasta un pueblo, en el Uruguay. Como dije, el corazón de Antonio se ablandó con el amor que la familia de Juan le había dado esos días, tanto que jamás olvidaría a su nueva familia de este lado del río.






Cap. 3
"Una Mala Apuesta"


Al finalizar el año, el empresario invitó a Juan y a su familia a una pequeña reunión donde presentaría la obra que Juan había hecho para este hombre acaudalado.
Pero, como el destino no tiene rumbo fijo, a la fiesta asistieron todos los malandras más conocidos del mundo de los burros, como le dicen los apostadores. Entre ellos, el viejo Salado, el que mandó a matar a Antonio un año atrás.

-Pero mira que chico es el mundo, Guasón, Mira quien está ahí parado- dijo el Salado a su Guasón.

-Mira vos, si es Tony Dartez- dijo el Guasón-Pero entonces, ¿el gordo lo dejó libre?- agregó

-No…no lo creo. Este idiota le hizo la cabeza. Le caminó las ideas para que lo dejara ir y quizás hasta el gordo esté con él- dijo el viejo Salado.

-Y ahora se aparece aquí, como si nada y pasa a tu lado como si no existieras ¿Qué se trae entre manos este perejil?- le dijo el Guapo que estaba allí callado mirando fijo a Juan, que, por supuesto no lo conocía realmente.

Y el Salado le dijo al Guasón y al Guapo que quería que ellos terminaran el trabajo.

Y así fue como Juan encontró el camino de regreso a su casa obstruido por un coche que parecía estar descompuesto. Entonces bajó Juan, mientras su esposa lo tomó de la mano, como si algo en el aire le hubiera dicho lo que venía, y lo dejo ir mirándolo a los ojos diciendo un –Solo, ten cuidado Juan-
Y Juan caminó hasta la parte delantera del auto detenido, donde estaban los dos matones esperándolo con el capo levantado. Entonces, un estruendo se escucho en el sendero que espantó unos pájaros que estaban cerca. La esposa de Juan no llegó a ver a Juan como caía al suelo porque cerró sus ojos al mismo tiempo que lanzó un desgarrador grito en el auto que dejó a sus hijas en shock.
Juan, caía al suelo muerto con un disparo en la cabeza. Su esposa abrió la puerta para correr a l lado de su esposo y recibió dos disparos por la espalda del mismísimo Salado, que estaba sentado en el asiento de atrás, por la ventanilla baja.
Las niñas se escondieron bajo los asientos del auto y permanecieron en silencio, mientras su agonizante madre se arrastraba hasta donde estaba tirado Juan. Cuando la cara de su amada toco la cara de Juan, entonces ella pereció.
El Guasón y el Guapo, subieron al auto y mientras el Salado miraba el auto de Juan sin ver a las niñas, se marcharon.
Pero las niñas permanecían ocultas en la parte de atrás del auto, sollozando casi en silencio. Imaginando aquella escena terrorífica que jamás se animaron a mirar con sus propios ojos.
Luego de unos minutos, llegaron unos lugareños que estaban cazando perdices y ellos encontraron los dos cadáveres y a las dos niñas indefensas en la parte de atrás del auto.
Cuando llegó la policía dijeron que se trato de un robo y tanto a Juan como su esposa Carmen fueron sepultados junto a los padres de Antonio en la quinta de los Dartez, debajo del viejo roble.  






Cap. 4
"La Revancha"

              A los dos días de haber pasado la desgracia, Antonio llegó a la casa de Uruguay. Se paró en la tranquera por un buen rato y Juan nunca llegó. Entonces supo que lo que había sentido aquella tarde mientras estaba pescando era verdad. Su hermano ya no estaba más en este mundo.

Caminó hasta el viejo árbol y encontró las lápidas. Se echó al suelo a llorar a su hermano, a su cuñada, a su madre y a su amado padre durante horas.

Cuando el sol golpeó el horizonte, su figura se veía desde la puerta de la casa aun allí, parado entre las lapidas frías. Regresando a la casa, encontró a Violeta parada junto a la hamaca que su padre había hecho con una goma de neumático y una cadena en un árbol ramoso.
Pero no se frenó, solo le dijo:

-¿Dónde está tu hermana?-

-Está en casa, en su pieza. No quiere comer ni salir de ahí- dijo Violeta

Y Antonio siguió caminando hasta entrar a la casa y subió las escaleras hasta la habitación de Florentina. Cuando Violeta lo alcanzó en la habitación, Florentina estaba abrazada a su tío, llorando desconsoladamente llamando a su tío papá, porque eran tan parecidos y era tanto su dolor que sus ojos no podían lograr ver la realidad.
Entonces, cuando ambas estaban allí sentadas lloriqueando les dijo:

-Yo soy su padre. De ahora en más nada nos va a separar. Siempre estaré a su lado. Jamás nada les hará daño. Yo cuidaré de ustedes hasta mi último aliento. Y en cuanto al pasado, solo dejaremos que el tiempo cierre las cicatrices y aprenderemos a vivir con esas marcas el resto de nuestras vidas. No haremos nada que nos entristezca. Aprenderemos a ser una familia, como un cojo aprende a caminar sin una pierna. No dejaremos de sentarnos a cenar juntos cada noche, con dos platos más en la mesa hasta que ya no haga falta ponerlos ahí. Seremos un solo cuerpo, los tres seremos cinco hasta que la tormenta acabe de pasar y empezaremos desde donde nos quedamos.

-Pero…. ¿Tu vas a hacer el alfarero?- preguntó Florentina mientras se secaba unas lágrimas de las mejillas.

-Yo soy el alfarero-
Conforme pasaron los días, Antonio tomo la personalidad de su hermano en todas las cosas que hacía. Su ropa, sus costumbres, su amor por el juego desapareció al igual que su vicio por el tabaco y la bebida. Y se convirtió gradualmente en el padre que esas dos almas habían perdido. Hasta el punto, que nunca, ninguna de las dos se percató de la diferencia, ya que Antonio era Juan y Juan era Antonio en sus genes, su mente y su corazón.

Y llegó el día que Antonio tuvo que viajar a la ciudad por dinero del banco.

Cuando llegó a la ciudad, tomo una curva que no debía y condujo hasta más allá del banco a donde iba. Y dejando el auto en un estacionamiento de un centro comercial, caminó unas veinte cuadras hasta el conventillo llamado “La Mesada”. Entró por la vieja puerta de madera que siempre estaba abierta, subió hasta el segundo piso, y se acercó muy a hurtadillas al departamento donde vivía uno de los matones del Salado.

Apoyó la oreja y cuando escucho la voz del guatón malo entró por sorpresa. La primera persona que encontró fue la novia del guapo, que estaba semidesnuda preparando algo en la cocina. La tomó por la espalda tapando su boca y apoyando su arma en su vientre, le pidió que le indicara con la cabeza donde estaba el guapo. La mujer le indico una habitación con los ojos, pero Antonio no le creyó, así que le rompió el cuello como si hubiera roto un huevo fresco en su puño y apoyó el cuerpo sin vida de la muchacha en el suelo. Se aproximó a la habitación lentamente pero el guapo, se delató que estaba en el baño, porque tiro la cadena del inodoro. Entonces cuando este salió, Antonio le aplicó un fuerte golpe en el cuello, lo que produjo que el guapo se desmayara en el acto.

Cuando volvió en sí, el guapo estaba atado de los pies a la barra que tenía en un extremo de la sala para hacer ejercicio de brazos, con la cabeza colgando y amordazado.

Entonces, sacó la cuchilla de la hornalla donde se estaba quemando, al rojo vivo y la apoyó sobre la mejilla del guapo quemando su fea cara y un ojo con la punta.

El guapo se retorcía de dolor pero no se desmayaba, así que volvió a poner la cuchilla en el fuego un rato más y le dijo:

-Voy a preguntar una sola vez. Si respondes algo que no me importe voy a enterrar esta cuchilla caliente en tu trasero, a través del tu calzón ¿Dónde está el Guasón?-preguntó Antonio

-Tony, por favor, no sé donde puede estar a esta hora, se que va al bar de los Cipreses, en la calle Esmeralda, los viernes, pero hoy no tengo idea donde está. Lo juro Tony, lo juro- decía el guapo mientras la cara de Tony no parecía conforme. Y tomó el cuchillo y lo enterró unos centímetros dentro de su trasero, entonces, cuando volvió a quitarle el trapo de la boca dijo.
-Está en la calle México, en el hotel Salvador, habitación 15. Pero Tony, no digas que te dije, va a matarme si se entera que lo delaté ¿sí?- dijo el Guapo

-No te preocupes, cuando te lo encuentres en el infierno, le pides que te perdone y ya-

Y habiendo terminado de decir eso, y mientras lo sostenía fuerte del cabello de su cabeza, enterró el cuchillo que ya estaba blanco de caliente en su oído hasta el mango con tanta rapidez, que su otro ojo saltó al suelo hasta golpear la cabeza de su novia, que podía ver su propio trasero de haber estado viva.

              Antonio condujo hasta el hotel llamado Salvador, en la calle México, entro por un pasillo angosto hasta una puerta con un número 15 dibujado con tiza negra en la pared.
Apoyo la oreja para escuchar durante unos segundos y al no escuchar nada, siguió hasta la próxima puerta, donde hizo exactamente lo mismo. Apoyó su oído para escuchar.
Entonces, detrás de él, la puerta del frente se abrió y entraba caminando una vieja como de unos 80 años, con una pequeña bolsita de pan.

-Muchacho, dígame ¿a quien busca?-

-Hola abuela, busco al muchacho del 15, ¿Cómo se llama, que no recuerdo?- le dijo fingiendo no recordar.

-Ah, sí, usted busca a Gustavo, el Guasón, mi hijo. El no está en casa, pero ahora está por llegar, fue a la iglesia evangelista a buscarme algunos tratados para que lea, porque a mi edad hijo, ya no me queda otra que pedirle a Dios que nos ayude a encontrar la Paz ¿No le parece muchacho?- dijo la anciana

-Seguro abuela, lo voy a esperar entonces, porque tengo que darle una gran noticia-le dijo Antonio a la vieja para despertar su interés.

-¿A si? ¿Qué noticia, si se puede saber?- le dijo la anciana contenta, mientras lo hacía pasar a la casa para que se sirviera algo para tomar mientras su hijo llegaba.

Entonces, cuando Tony hubo entrado y se sentó, le dijo a la anciana que sus oraciones habían sido escuchadas.

-Tengo algo para darle a su hijo que lo va a sacar de la pobreza para siempre.- le dijo

-¡Hay Dios Santo! La plegaria fue escuchada ¡Señor mío!- dijo la abuela, mientras Antonio se acercaba a la puerta de entrada de la casa porque había escuchado al Guasón cerrar la puerta del hotel y caminar por el pasillo con sus inconfundibles botas de taco alto que siempre usaba.

Y cuando terminó de girar la llave, el Guasón entró a la casa y vio a su madre, con las manos juntas y lágrimas en sus ojos y dejó la puerta entre abierta y dijo:

-Mamá, ¿Qué te pasa mamá? ¿Por qué lloras?- le preguntó el Guasón, mientras caminaba hacia ella dejando la puerta abierta detrás de él.

-Porque nuestras oraciones fueron oídas. Hoy veras a Dios recompensarte por tanto sacrificio hijo mío.- dijo la anciana mientras detrás del Guasón, la puerta se cerraba dejando a Tony detrás de él, apuntándole con su revólver a la cabeza.
Y el Guasón sintió el cañón frío del revolver apoyarse en su nuca y entendió que era hombre muerto si se movía, aunque no sabía quién era el que le estaba apuntando.

-Solo te pido que no dañes a mi madre, ella es una anciana y no tiene idea de lo que pasa, como vos seguramente no tenes idea quien soy yo y lo que te puede pasar si me matas o me haces algún daño ¿ok?, así que voy a girar lentamente para conocernos y hablar antes de cometer un error ¿te parece?- dijo el Guasón mientras giraba lentamente para ver la cara del que le apuntaba a la cabeza.
Y mientras sus ojos se clavaban en la mirada de Antonio, el Guasón no podía creer lo que veía y abrió sus ojos como dos huevos de grande.

-Vos ya estabas muerto-dijo casi susurrando

Entonces Antonio metió el caño del revólver en la boca del Guasón y lo fue arrinconando hacia donde estaba la anciana y mirando a la anciana dijo:

-Hoy su hijo va a ver a Dios en persona, ¿desea que su hijo le diga algo de su parte?- le dijo Antonio a la mujer.
-Desgraciado, mira vos como me mintió haciéndome creer que traía la Paz a este hogar-dijo la anciana indignada

Y le dijo a la anciana todas las maldades que su hijo había hecho en la historia y porque le decían Guasón y para quien trabajaba en verdad. Y la anciana no podía creer todo eso, así que Antonio hizo que el mismo Guasón le contara. Y el llorando le dijo la verdad a su madre, quien se sentó y murió frente a ellos por la desilusión que esto le produjo en el alma.

Y al ver esto, su hijo echo a llorar como un niño sin consuelo, pero Antonio no tenia piedad con los asesinos de su familia, así que tomó unas tijeras que estaban sobre la mesa y la clavó en el cuello de el Guasón, que abrió su boca como un lagarto de la presión que produjo la sangre que se acumulaba a montones en su garganta y Tony metió su arma en la cintura y colocó una bolsa sobre la cabeza del agonizante Guasón y con un golpe de puño enterró las tijeras en su garganta haciendo que este muriera en el acto.






Cap. 5
"El Golpe Final"

                 Entonces condujo hasta la casa del Salado, en Parque Patricios. Y esperó en la puerta de la casa, dentro del auto hasta que este llegó con su familia. El Salado tenía una camioneta grande y uno de sus hijos se bajo a abrir el portón corredizo, cuando la camioneta paso la línea de entrada, mientras su hijo estaba parado esperando que su padre entre, Antonio aceleró desde la calle de enfrente y aplastó al muchacho de unos 16 años contra la camioneta donde estaban su esposa, su hijito de unos años y el Salado al volante.
Cuando el Salado bajó del auto con su arma en la mano, Tony ya estaba del lado del acompañante para hacer bajar al niño de la puerta trasera. Con su arma en la cabeza del niño, logró que el Salado tirara el revólver al suelo.

-De rodillas Mierda- dijo Antonio mientras la mujer no dejaba de gritar al ver a su hijo mayor aplastado entre los autos, muerto.

-Vengo a vengar a la familia que asesinaste. Mi familia, pensando que era yo, idiota. Ahora voy a limpiar su sangre del suelo de mi tierra, porque vos los mandaste a matar como cucarachas ¿recuerdas?- le dijo Antonio
                Entonces, tomando a la mujer de los pelos, la llevó hasta unos arbustos dentro de la casa del Salado y le pegó dos tiros en la espalda matándola de inmediato. Y mientras veía como la mujer caía al suelo y su cara golpeaba con rudeza el suelo estallando sus labios al impacto, Antonio veía a su cuñada cayendo al piso cuando a ella la mataron.
Y el niño salió corriendo de la casa a la calle, mientras Antonio caminó hasta donde estaba el Salado arrodillado, metió su arma por su boca y disparó sin piedad, destruyendo su cráneo en dos partes grandes, ya que las balas que tenía en su revólver eran balas de choque e hicieron mucho daño cuando salieron por detrás de su oreja. Luego disparó dos veces más en su pecho y limpió el arma y lo tiró sobre el pecho del fallecido Salado y se marchó a casa en su auto.



Entonces, al llegar a Quilmes, a la entrada de la ciudad un auto de la policía lo detuvo. Y después de interrogarlo de donde venia y a donde se dirigía le preguntaron, porque lo vieron parecido a Juan, el fallecido Juan:

-¿Usted es Juan?-

-Usted me conoce oficial. Conoce a mi familia también. Hay dos niños allá que no tienen a nadie mas que a mi. ¿quien cree que soy?-

-Usted...usted es El Alfarero.-




-F  I  N-


                                                                                                                                                                              por: LUIS SADRA.







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