viernes, 19 de junio de 2015

El Notario

                    
                                         
                                         EL NOTARIO

                   




                    Hubo una vez un hombre, que vendió su alma al diablo. Y Satanás, mientras el hombre aun era un inocente muchacho, sembró la simiente pervertida dentro de su corazón, y con el tiempo lo convirtió en un ser sin escrúpulos, avaro en su conciencia, envenenado en su corazón, egoísta en el alma. Le metió en la cabeza la idea de forjar un imperio para sí mismo con la sangre de los justos. Su lengua era como la de un sabio, más la sabiduría jamás la entendió. Su sed de autoridad lo conducía a manipular el corazón de aquellos, que en su inocente nobleza, no eran capaces de enfrentar al tirano que exigía, afirmando que de su mano, todos encontrarían beneficio y placer.

Pero detrás de sus maquinaciones, había un niño desamparado. Un joven que perdió a su padre a muy temprana edad. Un ser inocente que intentó inundar aquel vacío que lo asfixiaba noche tras noche, con delirios de grandeza y pensamientos egoístas.

Sin embargo, cuando la soledad aparecía, en aquel lugar donde las paredes se hacían espejos, su propio reflejo se presentaba entre sombras y lo torturaba hasta que la angustia misma cerraba su pecho por completo, como lo había hecho con su padre, años atrás.

Su temor a la soledad lo mantuvo insomne, pero querer ser más de lo que podía alcanzar lo terminaría consumiendo para siempre.

Entonces un día, tomó una mujer para él y esta quedo embarazada, algo que no estaba en sus planes. Sin embargo, para evitar que los demás hablaran de él, tomo a la mujer por esposa. Pero jamás hubo amor en su sangre amarga. No quería la desaprobación. Odiaba ser expuesto por un error. Aborrecía ser tomado como alguien común. Y ocultar ese sentimiento fue su propia tortura.

La responsabilidad, fue el comienzo de un oscuro camino que aceptó transitar, aunque jamás lo quiso, pero la mirada de todos estaba guiando aquella pobre alma a la soledad más oscura. Y poco a poco dejo de ser un hombre con problemas mentales, para ser un déspota con apariencia de ángel.

Trabajo tras trabajo, intento demostrarse a sí mismo que era maduro, que no le hizo falta ese padre, que lo había ignorado toda su corta vida y que cuando murió lo dejo vacío y sin nada en el corazón que valiera la pena. Al no dejarle valores y siendo incapaz de verlos por sí mismo, el humano que alguna vez habitó aquel cuerpo, fue desapareciendo en las tinieblas de su propia autocracia.

Entonces encontró un lugar en las fuerzas del orden, y allí le enseñaron disciplina y camarería. Allí fue cuando conoció una secta que le abrió el camino a sus ambiciones asentando en su sangre ese jugo envenenado que llevó dentro de si hasta hoy.

Encontró quienes pensaban como él y la sensación de pertenecer lo ensalzó ante sus camaradas, pero lo alejo cada vez más de los que esperaban de él un esposo, un padre, un hermano. Y tal como pasa en todas las historias de maldad, el efecto Jekyll y Hyde, lo fue arrebatando hacia su propio interior, oscuro y letal.

Ocho hijos fueron su condena, siete de ellos vivieron para contarlo. Los cuatro primeros llevaron la carga del horror de sus mutaciones, los maltratos psicológicos y físicos de toda índole. La infidelidad con cualquier mujer que se cruzara. Para él nunca hubo una tía, una cuñada, una hermana o una prima, todos eran un cosechero lipoide, un contenedor de semen y el solo hacia donaciones de esperma a quien caía en su extraño poder de convencimiento.



Los peores años de la tiranía del reino al que este hombre servía, le abrieron puertas a su descarriado corazón blasfemo y mutiló y asesinó sin piedad en nombre del Rey.

La esposa sumisa, fiel y callada, aquella que todo lo soportaba, que sabía de sus engaños y traiciones, tenía un amor más grande en su corazón destruido, sus propios hijos.

Los otros tres jamás supieron la verdad, aunque alguno de ellos quizás haya experimentado alguna depravación que quedará oculta en algún escrito sin número, dentro de alguna tumba perdida.

Su mujer entendió, como buena cristiana, que debía sacrificarse por aquellos que más amaba, para que nada les faltara, aunque la verdad era mucho más triste aún.

Ella sufría del temor al abandono. Su madre biológica la había abandonado cuando esta nació y tras la muerte de su madre adoptiva, de a poco fue convirtiéndose en la perfecta esposa para el inculto, a quien se le haría más sencillo poner a su merced, la obediencia absoluta de esta mujer.

Con el tiempo, el monstruo cometió un error, abusó de unos niños, y esto lo expuso como él nunca lo hubiera querido. La familia entro en caos, pero como él era un experto en ocasionar confusión, un verdadero ilusionista de poca escuela, logró escabullirse entre sombras y delirios, haciendo pensar que todo este verdadero drama era solo celos entre niños y familias.

El mal tiene sus cosas nefastas. Poderes que negamos y ocultamos en leyendas o historias de terror. Pero la verdad es que existe y es muy poderoso. Y cuanto más negamos su existencia más poder le damos para actuar impunemente.

Se mueve entre nosotros. Habita entre nosotros. Nos toca muy profundo. Tanto que hasta negamos la realidad. No queremos escucharla. Y terminamos aceptando el camino más fácil, negar y confiar en una historia que es mucho mas descabellada que la verdad. Anulamos la razón y la lógica para no ir en contra de este personaje nefasto que nos tiene dominados en una cuna de engaños.

Muchos me han dicho que no duerme por las noches. Que su negrura azota su conciencia y lo tortura. Que no encuentra la Paz. Eso es mentira. Es otra forma que tenemos para pensar que el está recibiendo justicia de alguna manera. Es como repetirnos en la mente que:

“La vida se encarga de cobrarte las cosas” y bla, bla, bla.

Esta, es la clara evidencia de que nuestro cerebro no quiere admitir lo que en verdad está pasando. Que estamos sumidos en un trauma mental tan severo, que negamos lo que en verdad pasa frente a nuestra cara. Algo que no queremos saber, pero que está ocurriendo ante nuestras narices. Entonces, la mente crea y toma elementos que no cierran en la realidad y les da un sentido para que todo siga en curso y nos sintamos bien, en nuestro pequeño mundo real, que no es más que una triste mentira, que yace apoyada en la vida de mierda que tienen los niños que el sátiro abusó sin piedad. En ellos y en el resto de la confundida familia.

Los años de experiencia en como mentir a largo plazo y sus diferentes máscaras lo hicieron parecer la víctima y la familia se dividió, entre confusión y necesidad de que su realidad siga intacta.

Aquel mundo que ellos conocían debía permanecer intacto y no les importó sacrificar la vida de unas niñas, que hoy tienen miles de conflictos internos con los que lidiar, pero, mientras ellos hacían la vista hacia otro lado, la serpiente se escabullía arrastrándose por el barro a donde no la vieran, hipnotizando a cada criatura a su paso. Regalándoles su ilusión o su versión de la historia.

Algo que siempre ha usado esta serpiente para prevalecer es algo de Nicolás Maquiavelo (Niccoló dei Macchiavello) que dijo, en un análisis que hizo para ver cuál era la mejor forma de gobernar una ciudad o un imperio: Divide et vinces. “Divide y vencerás”.

Por eso, durante mucho tiempo, hablaba puras mentiras. A su madre le decía una cosa, a su hermano otra, a su esposa otra, a sus hijos los tubo siempre separados, él era el medio para que te comuniques con alguno de ellos.

Nunca habla de alguien que no esté presente de buena manera. No tiene ejemplos de personas que él te diga, ¡este es un genio!, o ¡hace maravillas!

No.

Siempre te elogia a vos, y enaltece lo que vos haces, así sea una estupidez, para comprar tus oídos, engañarte con esa artimaña para que cuando haya que cortarle la cabeza a las serpientes del campo, ella sea la serpiente buena, que jamás te picaría.

El desaparece cada vez que pasa algo así, por un tiempo, como dejándote pensar que realmente es un pobre hombre de ley que tiene que pasar por estos momentos de ingratitud.

Entonces, la maldad vuelve a cubrir con barro todo lo que él hace. Te presta dinero, te paga algo, te invita a cenar, te lleva a algún lado a pasear, intenta hacer algo por vos, que no sea tan costoso y que te ponga otra vez en la lista de sus títeres humanos que trabajan para él.

¿Cómo trabajan para él?

Creyendo en su efímera palabra. Creyendo el cuento que tiene para contarte. Cuando la verdad es que, no es más que un niñito llorón sin padre.

Siempre le erró al blanco.

Su propia esposa estuvo enamorada durante años de alguien que no era él. Que le escribía cartas, que ella quemaba después de leerlas y meterse en el corazón aquel amor que parecía puro.

Dos veces en su vida, la esposa de la serpiente se enamoró de otro hombre y probó la miel de los labios ajenos, quizás cualquiera diría que por venganza. Pues no. Solo fue amor, puro amor.

No importa si están vivos o muertos a la fecha, porque la mujer también está en otro plano.

La bestia sigue acumulando el odio de los que lo rodean. Creó una especie de manto que lo protege porque vive equivocándose. Robando, mintiendo, seduciendo, pensando en el, asesinando la mente de quien le presta oído a sus falsas historias.

Pero creo que ya es hora de que cambien las cosas. No me importa si el mismísimo Dios cree en sus historias, es un pobre miserable.

Hoy comienza el final de su estúpido juego. El niño llorón, que nunca tuvo un padre orgulloso de él, y que se fue sin dejar rastro me dio su nombre y apellido, heredé su poder y lo quintupliqué en las mismas sectas que le negaron la entrada.

Hoy reclamaré su alma como de costumbre, pensando en lo solo que se siente y el dolor que sentirá mientras me siento a su lado, a ver como la pupila de su ojo se va dilatando en ese apagón por toda una eternidad.

Satanás pudo haberte escudado, pero Dios huyó de ti. El Diablo pudo haberse sentido orgulloso de vos, niño llorón, pero Satanás no tiene poder contra mí. Es otro nene llorón, sin padre. Y pronto iré por él también

Yo solo observo antes de tomar una decisión, pequeño llorón sin padre, porque cuando la “reina deje este mundo en Paz”, entonces mi notario va a ir por vos y los tuyos y se comerá a cada uno de ellos en sus carnes. Mujeres, niños, hijos, animales y amigos perecerán esa tarde y tu descendencia quedará arruinada para siempre, esa es mi voluntad y repito: no soy Dios.



En cuanto a la identidad del Notario, el solo está autorizado a dar fe de los contratos que yo escribo, testamentos y directrices. Él, por ahora duerme, en una dimensión contemporánea, oculto entre sombras, esperando mi orden y créeme, será rápido e implacable. Y tiene mi protección, por eso Satanás huye de él como culebra mal oliente, pero tú, tú no puedes huir del notario.



Descansa llorón, que no eres el único Masón, 

descansa en tu tranquilo mundo, 

que ya tengo tu nombre en mi libro.



                                                                       
Por: LUIS SADRA.

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Lo único que necesita el mal para triunfar,
es que los hombres buenos
no hagan nada.

“Edmund Burke” 


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